miércoles, 1 de mayo de 2013

No estaba muerto, estaba de Soraya

A un servidor le gustaría dejar de hablar de Montoro, del Gallardón triunfante, de la Anamato trincante, de la Bánez rajoyante y, naturalmente, de su sorayífera majestad. Me gustaría, de verdad, pero no me dejan. Preferiría contar cosas de perroflautas, de su mundillo interno, de cómo quieren asaltar la utopía desde la Quechua o, ya metidos, responder en tiempo y forma a José Antonio Fúster, que ayer me liquidó en este mismo espacio.


Que me liquide el padre de Rebolledo es un honor, un bel morir che tutta una vita onora. Ahora bien, que la que apriete el gatillo sea Soraya, hija de su madre, reina de Moria, ya es otra cosa bien distinta. Y más cuando, a la liquidación propiamente dicha le sobrevino un humillante atropello. De acuerdo, me han matado, pero que no se confíen por Moncloa, que los muertos que mata Fúster gozan de muy buena salud y siguen dando guerra de poenis inferni et de profundo lacu.

Pero, a lo que iba, yo estaría encantado de no tener que hablar del sorayamen montorí, pero no me dejan otra. Ayer salió un informe que viene a confirmar que vivimos en un infierno fiscal. El atraco del IRPF en España está por encima del de Alemania, Francia o Italia, países famosos en el mundo entero por saquear a modo a sus contribuyentes. Yo eso ya lo sabía, y probablemente usted también. Los que parece que no lo saben son los de la Pepé y la Pesoe. O lo saben y están la mar de a gusto. Creo que más bien lo segundo. Una parte de la población les entrega sumisamente más de la mitad de su renta anual. Eso, si nos metemos en la piel de un político, es motivo sobrado de satisfacción y sonrisa de oreja a oreja.

Lo llaman progresividad fiscal. El que más gana, que más pague. Es una idea antigua de los progresistas de hace un siglo convertida en dogma de fe por los socialistas de la posguerra. El que más gana siempre va a pagar más, aunque sólo sea porque consume más. Así, lo que deja de ingresarse por una vía, se ingresa por otra. Cabe también la posibilidad de que no lo consuma y lo ahorre. De este modo, ese dinero lo emplearán otros para crear una empresa, hacer un master o irse de vacaciones al Caribe, a gusto de cada cual. Se emplee en lo que se emplee el dinero terminará creando riqueza, empleo y gente feliz.

Pero, ¿qué pasa cuando ese dinero se lo embaúlan los Montoros? Pasa que lo dilapidan en actividades improductivas –cuando no directamente criminales– que a nadie interesan más que los propios Montoros y al inframundo demoniaco que les acompaña. Parece mentira que Soraya, con toda su sorayez a cuestas, con su Sorayique y sus Nadales por duplicado no se haya dado cuenta de algo tan elemental. Es increíble que a todo un abogado de Satán, con lo que son las oposiciones para llegar a serlo, no le incluyan en el temario asuntos tan de cajón. Claro, que a los abogados del Maligno, lo que les interesa es que el Lucifer prevalezca.