jueves, 21 de febrero de 2013

Progredumbre, trinque y esperpento


Creo que no existe industria más divorciada de su propia clientela que la del cine español. Y eso haciendo un inmenso esfuerzo al llamarle industria, porque de industria tiene poco y mucho de grupo organizado para trincar subvenciones públicas. Una industria la define una parte ofertante de un determinado producto o servicio y otra que lo demanda. En el caso de los cinecitos destepaís, que así es como sus paladines denominan a quien les da de comer, sólo hay oferta y, por lo general, de pésima calidad. La demanda, que existe, y mucha, se decanta por el cine que hacen en América.


¿Por qué se produce este extraño fenómeno que no se da, por ejemplo, en la música o la literatura? La razón primera es que el cine americano es mejor. Y no voy a entrar en cuestiones artísticas, que para gustos los colores, sino en el número, la variedad y, sobre todo, la cantidad de dinero invertido por metro de película. Al cine, no nos engañemos, le pasa lo mismo que a cualquier producto. Por esa razón un iPhone no es igual que un teléfono plastiquero made in China de esos más falsos que Judas que venden en el Rastro y duran dos telediarios. Nuestros cinecitos lo tienen claro, prefieren el iPhone, y nosotros también, preferimos pagar por ver una película de Steven Spielberg antes que una de Isabel Coixet.

La segunda razón es que el cine destepaís decidió hace muchos años insultar a la mitad de su audiencia potencial. Lo hizo de manera directa, sin demasiados disimulos, y lo sigue haciendo siempre que se le presenta la ocasión. ¿O no se acuerdan de la mascarada del año 2003, cuando toda esta tropa se puso pegatinas del No a la Guerra y el Nunca Mais en la pechera para recoger los premios? ¿O aquella de 2004 cuando les dio por colocarse otras pegatinas, esta vez a favor del documental “La pelota vasca”, porque los de la AVT osaron pedirles que, ya que eran tan valientes, condenasen a la ETA? ¿O la de 2005, cuando Zetapé se presentó en la gala con su sonrisa de Joker tonto mientras los cinecitos se retorcían de placer por los “orgasmos democráticos” que, como a Zerolo, les proporcionaba el amado líder?

Resumiendo, hace ya muchos años resolvieron que los únicos espectadores que merecían la pena eran los lectores del blog de Nachojcolar, y, claro, así les luce el pelo ahora. De hecho no les luce. Los lectores de este blog, más conocido en la red como “el estercolar”, no sólo son habituales del iPhone, sino también del cine importado de Hollywood. Así que nadie ve sus películas. Lo suyo se queda en progredumbre, trinque y esperpento. Luego el perro empieza a morderse la cola. Como nadie paga por ver sus bodrios ponen el cazo al Gobierno, que es, por lo demás, a quien de verdad sirven como genuinos intelectuales orgánicos del régimen. Un poco a lo Bertolt Brecht con los tiranuelos de la RDA pero en plan María Barranco poniendo voz de lerda.

Pero, ¡ay!, se ha acabado el dinero. No hay peor amo que el Estado como ya han podido comprobar en sus propias carnes los funcionarios. Sin subvenciones y sin vender una maldita entrada todo lo que les queda es eso, la pegatina y el creerse que son alguien, que representan a alguien, que alguien les admira.