domingo, 24 de febrero de 2013

Los viernes, impuesto


Hace muchos años sacaron un disco que se llamaba "Por fin es viernes". Era una recopilación de música de baile para llevar en el coche o ponerse en casa antes de salir de marcha. Tuvo mucho éxito, tanto que la discográfica lanzó varias ediciones, algunas temáticas como una de temas setenteros que solían pinchar en los baretos antes del cierre para que la clientela, a esas horas ya bolinga perdida, se fuese a casa dando tumbos por la acera con gracia y salero.
Aquellos viernes de los años noventa eran otra cosa. Los esperábamos como espera un saetero sevillano el paso del Gran Poder por delante de su balcón. Ahora los seguimos esperando, pero con pavor y la mano temblorosa en la cartera. Antes la promesa era divertirse el viernes por la noche, ahora la amenaza es gritar de espanto los viernes por la mañana. Este día, el más cruel de la semana, hay Consejo de ministros, alta ocasión que los de Rajoy, esa banda organizada para saquear al españolito de a pie, reservan para apretarnos las tuercas.

Desde que calientan la poltrona han subido los impuestos más de treinta veces, es decir, dos veces al mes. Todo por nuestro bien, para que no perdamos la costumbre de aflojar la bolsa y no se nos olvide que estamos aquí para mantener su invento funcionando. Si la ONU declaró 2012 como año internacional de las cooperativas, nuestro Gobierno hizo lo propio haciendo del año pasado el año nacional de la fiscalidad. Les regalo un lema, así como muy telecincuente, para que lo impriman en grandes carteles que luego pueden colgar de rascacielos, puentes y grúas: "12 meses, 30 impuestos. El Gobierno con tu bolsillo".

2013 no iba a ser menos. Nada más entrar se han puesto como locos a inventarse nuevos tributos, acuñar tasas de nombre impronunciable y subir las gabelas que los siervos de la gleba pagamos sí o sí. El último es uno, y cito textualmente, que grava la eficiencia energética de los edificios. Los más eficientes pagarán menos y lo menos eficientes pagarán más. Eso sí, pagar van a pagar todos porque ya se sabe que las conquistas sociales del Estado del Bienestar salen por un pico. Eso y los tres millones de nóminas que el Leviatán rajoyí tiene que atender al final de cada mes.

Lo de la eficiencia energética me ha terminado de matar, lo reconozco. Son tantas las variables para medirla que es, cuando menos, una osadía que el Gobierno quiera sacar tajada de ahí. En España hay una gran variedad de climas. No es lo mismo Maspalomas que el valle de Arán, y como no es lo mismo, ¿realmente puede estandarizarse la eficiencia? Las casonas de Viella son muy eficientes porque los inviernos castigan en el Pirineo y son inclementes con el poco previsor. Los araneses se trabajan eso de la eficiencia energética desde tiempo inmemorial, desde mucho antes que la infame saga de los Montoro debutase en la Historia. Las de Maspalomas no son nada eficientes. Ni falta que les hace. La eterna primavera canaria, la misma que permite dormir al raso y sin resfriarse debajo de una palmera, no sabe de eficiencias artificiales, es eficiente en si misma.

Estas apreciaciones sacadas del sentido común más elemental no harán mella en el sheriff Rajoy, porque de lo que se trata no es de velar por la eficiencia de las casas, sino por el eficiente funcionamiento de su depredatorio aparato estatal. Y mientras queden viernes funcionará.