viernes, 18 de enero de 2013

El nefasto legado petrolero de Chávez


Cuando Chávez llegó al poder en 1999 Venezuela era el tercer productor de la OPEP por detrás de Arabia Saudita e Irán, y el cuarto del mundo a no mucha distancia de Rusia y Estados Unidos. Hoy, tras catorce años de chavismo, es el decimosegundo. Ya no sólo le superan países como Arabia, EEUU o Rusia. En 2012 los 2.375.000 barriles extraídos en Venezuela eran ya muchos menos que los 4.252.000 de Irán, los 3.483.000 de Canadá o los 2.983.000 de México.

Hasta del minúsculo Kuwait, un país cincuenta veces más pequeño que Venezuela, se extrajo el año pasado más petróleo que de los pozos venezolanos. Ante un descenso tan drástico en la producción podría que Venezuela alcanzó en torno al año 2000 el denominado “peak oil”, a partir del cual la producción desciende lentamente. Pero no, las reservas probadas de Venezuela son las mayores del mundo. Mayores incluso que las de Arabia Saudita.

Y no porque lo diga Chávez, que hace dos años anunció al mundo las extraordinarias reservas petrolíferas del país. Expertos del US Geological Survey han estimado que solo de la faja de Orinoco se pueden llegar a recuperar hasta 652.000 millones de barriles en los próximos años. Los ingenieros de BP han calculado, además, que extraer este petróleo no convencional será dos tercios menos costoso que en Canadá, país que ha disparado su producción petrolera en los últimos años.

A pesar de todo la realidad es que Venezuela extrae un 30% menos petróleo que cuando Chávez llegó al poder. Y no sólo eso. La economía venezolana ha multiplicado por dos su consumo en los últimos quince años, de 490.000 barriles al día a los 850.000 actuales. El diferencial se ha dejado de exportar, y la venta de crudo es casi el único sostén económico del país a estas alturas. De la exportación de petróleo Venezuela obtiene el 95% de sus divisas y el Gobierno de Chávez el 40% de sus ingresos.

Pero curiosamente las exportaciones han descendido incluso más que la producción, un 40% entre 1998 y 2012. Venezuela se ha visto obligada incluso durante la era Chávez a comprar gasolina y otros productos refinados en el extranjero. El pasado mes de septiembre los incidentes en las refinerías de El Palito y Amuay llevaron esas importaciones a récords históricos.

Se da la circunstancia, además, que EEUU cada vez importa menos petróleo venezolano. Si en 1998 el 17% del petróleo importado era de origen venezolano, en 2009 ya solo era el 9,6%. Un porcentaje que promete seguir cayendo ya que EEUU ha sustituido gran parte de sus importaciones con producción propia y con importaciones en países más cercanos como Canadá.

¿A qué se debe que Venezuela produzca cada vez menos y consuma más? El aumento en el consumo no significa que la economía venezolana haya ido a mejor en estos años. Venezuela ha crecido muy modestamente a pesar de disponer de una riqueza natural que lleva más de diez años cotizando al alza.  Los venezolanos consumen más pero no tanto porque sus industrias demanden más energía como por los ubicuos subsidios. Venezuela tiene, por ejemplo, la gasolina más barata del planeta.

En agosto de 2012 un galón de gasolina (3,7 litros) costaba 9 centavos de dólar (6 céntimos de euro). Barato incluso si lo comparamos con Arabia Saudita, donde el galón sale por 61 centavos (45 céntimos). La gasolina que compran los venezolanos no sale tan barata de las refinerías, el Gobierno quien la pone a ese precio subsidiando generosamente el precio final.

De la bajada de la producción los especialistas culpan al desastre de gestión de la empresa petrolera nacional PDVSA y a la desconfianza, ya crónica, de las empresas extranjeras a invertir en Venezuela. El régimen ha nacionalizado todo el sector, que ha incurrido en multitud de ineficiencias operativas. En Venezuela la industria petrolera no tiene como función ganar dinero tanto como servir de caja registradora a otras actividades del Gobierno. Los programas asistenciales del chavismo y, sobre todo, las continuas compras de armas que ha realizado Chávez en estos años se han cargado en la factura petrolera.