lunes, 31 de diciembre de 2012

Armagedón funcionarial


Mucho reírse de los mayas y de su incumplida profecía del fin del mundo cuando, al menos en parte, tenían razón. Se equivocaron en la fecha. El día del juicio final no fue el día 21, cierto, pero lo será el próximo día uno. ¿Qué son diez míseros días cuando hablamos de miles de años? En cuanto uno ajusta los bisiestos y mete un par de cambios en el calendario se le descuadra el baktún maya. Y no afectará a todos, sino exclusivamente a los funcionarios españoles que, como son tantos, conforman una porción nada despreciable de la humanidad.


¿En qué consistirá este Apocalipsis funcionarial?, ¿quién lo predijo?, ¿están los dioses enojados con nuestros entrañables servidores públicos? Tomemos el anillo de poder (vulgo BOE) y veamos como se cumple con implacable precisión celeste este anuncio milenario. A partir del día 1 de enero los funcionarios tendrán que trabajar de nueve a cinco en jornada completa. ¡De nueve a cinco! ¡Habrase visto! Se van a deslomar. Podrán, eso sí, parar a comer, pero sólo media hora, así que no podrán irse a casa ni echar una reparadora cabezadita de media jornada en el sillón de orejas del salón. Y hay más, las fiestas de guardar (vulgo moscosos) serán solo tres cuando antes eran seis. Mejor no entremos en lo de las bajas sin justificar que, a partir del quinto día, vendrán acompañadas de una ciclópea reducción de sueldo. Un desafuero, ¿desde cuándo los funcionarios tienen que justificar algo?

Sobre lo que no se ha pronunciado aún el anillo es acerca del desayuno, institución máxima del quehacer funcionarial, misa laica oficiada en los bares de la capital cada mañana con parsimonia, y en el curso de la cual el cafelito se transmuta en vino sacramental y el croissant-plancha en sagrada forma. No los ha prohibido expresamente, pero los confina al ámbito privado, es decir, a la cocina de casa y rapidito. Los funcionarios tendrán que llegar desayunados, fumados, bebidos y aliviados de cuerpo y alma a su puesto de trabajo. Y lo peor de todo, tendrán que pasar en él 37 horas y media cada semana, con todos sus minutos y sus segundos enteritos.

No hay derecho, sacar una oposición para esto. El Gobierno, perdón, el anillo, ha roto el pacto social y ahora habrá de atenerse a las consecuencias fruto de su irresponsabilidad. ¿Qué va a ser del súper de abajo?, ¿quién hará la compra en él a las once de la mañana? ¿Y del bar?, ¿nadie se acuerda de los bares o qué? El Armagedón se acerca, después no digan que no fueron avisados.