lunes, 24 de diciembre de 2012

Balanzas gordiles ya

Diez horas y siete minutos de la mañana: el número 76.058 se lleva el primer premio de la Lotería de Navidad, más conocido como “El Gordo”. Un minuto después cae el cuarto premio, veinte minutos más tarde llega el quinto. Luego se hace el silencio (es un decir) hasta el mediodía, cuando los niños de San Ildefonso cantan el segundo premio y poco después el tercero. Sin perder un segundo las unidades móviles de todas las televisiones se desplazan presurosas a las administraciones afortunadas para inmortalizar el momento entrevistando al lotero de turno y grabar al ganador abriendo una botella de cava.
¿De todas las televisiones? Bueno, de todas exactamente no. Las de la Televisión de Cataluña, más conocida como tevetrés, se quedan en los estudios centrales y celebran en el aparcamiento un recogido funeral en homenaje al expolio loterístico que padece en silencio la nación catalana. El editor de los informativos tiene ya preparado el mensaje de protesta. A las dos y media en punto una voz en off así, como de ultratumba, tapada con imágenes de loteriófilos catalanes caminando cabizbajos avenida abajo, da la mala noticia: “sólo ha vuelto el 15% de lo jugado en Cataluña”.

¡Pero habrase visto! ¡Ocho euros y medio de cada diez que jugaron los catalanes se lo han quedado los castellanos! ¡Expolio! Urge promulgar una Ley que obligue a Loterías a trucar los bombos para que vuelva a Cataluña hasta el último céntimo que jugaron sus habitantes. Una Ley que bien podría llamarse “de las balanzas gordiles”, dicho sea con todo el respeto hacia Oriol Junqueras, cuya báscula, que no balanza, debe llevar décadas estropeada.

Porque, para más INRI, el Gordo se ha ido a Alcalá de Henares, plaza fuerte y sede episcopal donde hace parada y fonda la oligarquía expoliadora de la Comunidat de Madrit. El segundo lo han expoliado en Aranda de Duero, provincia de Burgos, en una peña que se llama “El Chilindrón” (encima con recochineo). Y el tercero, que ha salido en su práctica integridad de bolsillos catalanes, se ha repartido por toda España, perdón, por todo el Estado Español, que ya se sabe que los funcionarios son muy proclives a dejarse medio sueldo en Doña Manolita después de un opíparo desayuno a cargo, como todo el mundo sabe, del sufrido contribuyente catalán.

Así las cosas, la aprobación inmediata y con carácter retroactivo de las balanzas gordiles se hace imprescindible para el definitivo encaje de Cataluña en la realidad plurinacional, pluriloterística y plurigordil del pluriestado pluriespañol.