domingo, 21 de abril de 2013

Impuestazos, deudas y escraches

El FMI da una de cal y otra de arena. Dice un día que esto se va al garete de manera irremisible y al siguiente que la recuperación es posible sí, pero sólo si el Gobierno afloja y se toma menos en serio lo de la consolidación del déficit. ¿Consolidación del déficit?, ¿pero ha habido aquí alguna consolidación del déficit? Si, lo hemos consolidado por encima del 7% a perpetuidad. Eso y el gasto desaforado de las administraciones que imposibilita cualquier atisbo de recuperación.

El sector privado, la economía productiva, la que crea riqueza real e innova, ya se ha ajustado varias veces, es más, lleva ajustándose desde que empezó la crisis. El que no lo hace ni lo hará hasta que se acabe el dinero es el sector público. De ahí que sorprende que Lagarde venga ahora con esas tonterías. En España lo único que hay que aflojar es el dogal de Hacienda, que amenaza con asfixiar a lo poco que va quedando de emprendimiento privado.

Eso el Gobierno lo sabe. Montoro y Guindos, a diferencia de Salgado y Zapatero, saben algo de economía. Saben, por ejemplo, que cada euro que gasta el Estado es un euro que va de la economía real a la economía de los políticos. La primera es la que nos da de comer, la segunda la que nos quita la comida de boca. Entonces, ¿por qué lo hacen? Probablemente porque tienen una mezcla de miedo y convencimiento. Miedo a que los socialistas de verdad, los propietarios de la marca, salgan a la calle a liarla. Convencimiento porque, al menos Montoro, es un hombre de Estado y siempre pensará en términos de Estado. El ciudadano de a pie, el autónomo, el asalariado, el propietario de una pyme, que vaya arreando y se entere desde ya cuál es su papel en la sociedad.

El hecho es que los socialistas auténticos están ya en la calle. Este viernes en una del barrio de Argüelles donde reside el ministro Montoro, se ha visto a un grupete de gente "de progreso" protestando delante de su portal. No le piden que baje los impuestos, sino que cambie la ley hipotecaria actual por otra que permita impagar deudas con carácter retroactivo. Esa es la izquierda a la que el Gobierno tiene tanto miedo. Curioso, debería tenérselo a sus votantes, los mismos a los que lleva defraudando desde el primer consejo de ministros, pero para esos todos los palos son pocos. ¿Verdad Montoro?, ¿verdad Gallardón?, ¿verdad Ana Mato?, ¿verdad Jorge Fernández?, ¿verdad Margallo?, ¿verdad Mariano Rajoy? La mentira ya es tanta, el incumplimiento es tan flagrante que, de existir, la niña de Rajoy estaría metida en casa abochornada de por vida.

Entretanto, mientras la extrema izquierda se dedica a lo suyo, la deuda nacional escala a unos niveles nunca vistos años. El endeudamiento del Estado está llegando a tales cotas que luego, cuando el mercado se harte y quiera cobrar más caros los préstamos, todo será llanto y propaganda. Esta película ya la hemos visto una vez, en breve, este mismo año, tendremos la segunda entrega. Y segundas partes, ya se sabe, nunca fueron buenas.