viernes, 5 de abril de 2013

El escrachamiento de la Soraya

Pocas veces las palabras "justicia poética" tuvieron una encarnación tan perfecta como en el suceso de ayer delante de la casa, perdón, el chalete, de Soraya Sáenz de Santamaría, alias la Soraya, madre superiora de los Sorayos y vicepresidenta del Gobierno. En politico-correctés, que es la lengua más hablada de España y parte del extranjero, decir lo que acaba de leer es toda una provocación. Porque, claro, eso de que una panda de indocumentados vayan a casa de uno a berrear consignas no está bien. Y no lo está. Pero tampoco vamos a hacernos de nuevos. La querencia de la extrema izquierda por hacer estas cosas no es de ayer por la tarde, la ha tenido siempre, con la diferencia de que, de un par de semanas a esta parte, esa actividad tan proteica, tan de izquierdas, tiene un nombren que suena la mar de bien: escrache.
Hace no mucho tiempo, en esta misma página hablé de uno de esos escraches, el que le hicieron a Moral Santín en la Complutense. Como la Royal Academy of Perroflautian Studies aún no había determinado el nombre preceptivo para ese tipo de asaltos de Progreso, los escrachadores -o protoescrachadores para el caso- dijeron que lo suyo era una funa, que es como llaman a los escraches en Chile. Al final la academia parece haberse quedado con la versión argentina, lo que viene a confirmar algo que yo sospechaba desde hace años: España y la Argentina son, en realidad, un mismo país separado por un brazo de mar de unos 10.000 kilómetros, justo el doble de los que median entre Madrid y Nueva York.

Antes de la funa/escrache a Moral Santín hubo muchos más. Los batasunos, por ejemplo, eran muy aficionados al escrachado de quintacolumnistas españolazos infiltrados en el tejido sano de las Vascongadas. Cuando lo de la guerra de Irak se escrachó a conciencia las sedes del PP. Las metieron fuego, las apedrearon... hasta en una ocasión echaron estiércol en la puerta de una de ellas. De escraches, en definitiva, siempre hemos ido bien servidos. La izquierda que tenemos es la que tenemos, un híbrido entre el SED germanoriental y el PSUV venezolano. ¿Y la derecha? Pues la derecha española es... la derecha española, un grupo más o menos desorganizado de nostálgicos del Estado corporativo, conservadores acomplejados, democristianos con el colmillo rebosante de sangre y algún liberal despistado que pasaba por allí.

¿Está bien esto del escrache? Evidentemente no. En los países civilizados, léase Suiza o Liechtenstein, no pasan estas cosas. Allí la izquierdaza languidece y sus militantes a lo más que aspiran en esta perra vida es a ponerse un gorrito boliviano para dar la murga en el parque con lo de Chiapas. Y eso si la ciudad es grande, es decir, si la ciudad es Zúrich. Si es pequeña ni gorrito boliviano, ni Chiapas, ni Cristo que lo fundó. En los países libres y ricos, léase Suiza o Liechtenstein, la gente va a lo suyo y no se mete en lo de los demás. Por eso, precisamente por eso, son países libres y ricos.

Entonces, ¿por qué es justicia poética que le hayan montado el numerito a la madre superiora del sorayamen gubernamental? Es justicia porque por donde las dan las toman. ¿O no se acuerda del show indigno que montó la interfecta durante una rueda de prensa hace no tanto tiempo? ¡Qué lagrimones de cocodrila, qué nariz taponada, qué suspiros, qué carita de borreguilla extraviada! "Esto nos puede pasar a cualquiera", decía la muy majadera. No, Soraya, a ti no te puede pasar porque eres abogada del Estado hasta el día en que te mueras. No te va a pasar porque los contribuyentes mantendremos tu despensa llena pase lo que pase. Asúmelo ya, eres un parásito y morirás parasitando. No muy diferente, por lo demás, a los que ahora te atacan con ese fervor tan propio de los socialistas fetén, no como vosotros, que sois socialistas de baratillo. Yo hubiera ido en persona a la puerta de su casa a decirle esto y unas cuantas cosas más, pero no soy de natural escrachador y, además, no me gusta perder el tiempo. Así que, bueno, que hayan hecho parte del trabajo los adacolaus me reivindica, aunque sea parcialmente.

Y es poética porque, después de reírse de media España, no está mal que se haya desplazado hasta su puerta un vociferante grupo de "desahuciados" a cantarle las cuarenta y decirle algo así como "ríete de tu puta madre, bonita". Ahora lo que no sé es si lagrimeará como en aquella comparecencia en Moncloa o se cagará en todo. Sospecho que lo primero porque los de la camada rajoyina son así: fuertes con el débil, con el autónomo, con el pequeño empresario, con el contribuyente de a pie; y débiles con el fuerte, con el activista de extrema izquierda, con el sindicalista, con el empresario del pesebre, con el banquero trincón. Tienen lo que se merecen, y espero que pronto lo que se merezcan sea la nada.