miércoles, 20 de marzo de 2013

Monumento al autónomo


Me dijo el otro día un amigo que había en Madrid un monumento a los trabajadores autónomos. "¿Un monumento al autónomo?", pregunté, "¿y dónde está?", "no lo sé" respondió mi amigo, "creo que por el paseo del Prado o por ahí". Me sorprendió lugar tan noble porque, según tratan todos los Gobiernos a esos nuevos siervos de la gleba llamados autónomos, lo suyo es que el monumento lo hubieran colocado en Valdemingómez, pegado a la pared de la incineradora. Con esas señas me fui hasta el Prado para buscar el monumento. Lo recorrí de arriba a abajo. No sé por qué pensé al principio que se encontraría cerca de la estación de Atocha, pero no, ahí no estaba, caminé hacia arriba, pasé el museo y, cuando ya me encontraba al lado de la glorieta de Neptuno, en el bulevar central del paseo, ahí estaba el monumento que andaba buscando.

De monumento poco, un triste monolito con dos placas, una ya oxidada y la otra en proceso de oxidarse. En la superior, sin fecha, pone:

"A las personas que con su esfuerzo y con su sacrificio han hecho posible que el Trabajador Autónomo consiga la dignidad que se merece"

La inferior es de 2005, fue puesta allí el 26 de mayo de aquel año por la OPA (Organización Nacional de Profesionales y Autónomos) y se limita a decir "X Aniversario. Por el Estatuto del Autónomo"

Y eso es todo. Cuentan que, cuando a mediados del siglo XVIII se terminó el convento de las Salesas Reales, los madrileños conmovidos por el derroche, decían con sarcasmo por la calle: "Bárbara reina, bárbaro gusto, bárbara obra, bárbaro gasto". Bárbara era la reina, esposa del rey Fernando VI. Para este monumento (es un decir), no se me ocurre otra cosa que decir "mísero reino, mísero gusto, mísera obra, mísero gasto". Para tener esa cutrez mejor no tener nada.