jueves, 25 de julio de 2013

Susana la regeneraora

Susana Díaz es lo que entiende la Pesoe por regeneración. Punto. A partir de aquí ya podemos empezar a contar el resto. Susana –que es Díaz sí, pero de los Díaz malos, de los que abandonaron Castilla para hacer fortuna en Andalucía– pertenece a esa subclase de la casta que no conoce más oficio que el de político. Proliferan por todos los partidos como las setas durante las lluvias de octubre. Hay muchos, todos nacidos entre los años sesenta y los ochenta, los de los noventa se incorporan ahora al outfit sin saber los pobres que la cerveza del chiringuito hace tiempo que se acabó. La Aído y y la Pajín son sus santas matronas, su referente ético, su estrella polar, el destino soñado al que todos estos necios quieren llegar cuanto antes.


La mayor calamidad que ha afligido a España en el último siglo ha sido sin duda la profesionalización de la política, una tragedia similar a la de la profesionalización del crimen. Porque, claro, una cosa es tener a un tipo robando a ratos y otra mucho más dañina es que ese tipo dedique una vida entera al robo y a la ingeniería social. Gente que, de la cuna a la tumba, no tiene otro objetivo vital que vivir a costa de los demás y, lo que es peor aún, decir a los demás que es lo que tienen que hacer, cuándo, cómo y hasta dónde. La metástasis está alcanzando ya los últimos tejidos sanos de la sociedad. Lo de Susana es simplemente un caso clínico, uno más, ni siquiera el peor. No tiene más estudios que los que realizó desde la covacha, pero ahí la tienen, ahíta de despacho y secretaria, subida al coche oficial desde que la destetaron. En su favor habrá que decir que no le quedaba otra, que su destete fue temprano y, en cierto modo, inevitable. Hija de socialistas, sociata dinástica que diría el castizo, no conoce más medio de vida que el Partido y los frutos de la extorsión que la política perpetra sobre la sociedad civil.

Dicen sus compinches que la gachí es ambiciosa en grado extremo. Me lo creo, y más viniendo de quienes mejor la conocen. Por de pronto va a ser presidenta de Andalucía, ahí es nada, una región que, en sí misma, es un récord: es la más grande y poblada del país, la que más desempleo tiene, la más pobre, la que más políticos por kilómetro cuadrado padece, la que más pide a fondo perdido a los contribuyentes del resto de España, la más descompuesta por el sindicalismo trincón, el marinaledismo y las autovías de cinco maletines, esas que el maestro Antonio Burgos tenía por las peores para el automovilista pero que, a cambio, habían sido auténticos chollos para el politicastro que la adjudicaba. Que Susana Díaz mande en un lugar así es casi obligado. Andalucía es nuestra Venezuela como Guipúzcoa es nuestra Suiza. Antes de ella estuvo su padrino Griñán, antes Chaves y antes un tal de la Borbolla que era todo bigote. Con los cuatro presidentes más el comodín Zarrías tenemos un repóquer de infarto. Cuando le pregunten por qué Andalucía es pobre y chapotea en la servidumbre piense en ello.