miércoles, 7 de junio de 2006

Reflexiones de un hispanista británico

A estas alturas, Henry Kamen no requiere demasiada presentación. Sus libros cosechan siempre buenas cifras de ventas, y él se ha ganado el respeto de (casi) toda una profesión que suele andar a la gresca. Pertenece a esa curiosa especie de los hispanistas británicos, casi una categoría entre nosotros, y no sería exagerado decir que es el mejor de los que están en activo.

A lo largo del último lustro ha venido publicando con regularidad extensos artículos en el diario El Mundo, en los que se ha despachado a placer con todo y con todos. La Esfera los ha llevado a un libro que sale al mercado en un momento especialmente oportuno; un momento en que no está de más recapacitar sobre estos primeros cinco años del siglo XXI, en los que la Historia se ha vuelto a acelerar y en los que hemos vivido, una vez más, peligrosamente.

Nada se escapa al preciso escalpelo del historiador, que tira por los suelos la no por extendida menos equivocada idea de que los estudiosos de la Historia son ratones de biblioteca desconectados de la realidad: ni la masacre de Nueva York, ni la guerra de Irak y su estela de antiamericanismo en todo Occidente, ni la melindrosa Constitución europea de la que ya nadie se acuerda, ni siquiera la absurdamente polémica boda del Príncipe, cuyas fotos ya amarillean en las hemerotecas. Todo es válido para el cuaderno en que Kamen dibuja su boceto de cinco años de historia inmediata, humeante; de esa que, si la tocamos, corremos el riesgo de quemarnos.

Kamen es un liberal al más puro estilo anglosajón, de los que creen en las bondades de la democracia y el Estado de Derecho. Lo hace de un modo tan puro como ingenuo, de ahí que, en intuición y agudeza, su compatriota Paul Johnson le gane por goleada. Este particular determina su visión de la actualidad, sus crónicas a pie de obra, en las que oscila entre el arrojo y el retraimiento.

No creo que se trate de una falta de confianza en los principios, sino más bien de excesiva prudencia, trufada de tanto en tanto con cierta corrección política inaceptable en un historiador que ha puesto patas arriba parte de nuestra historia.

Porque si por algo ganó celebridad Kamen, hace ya unos cuantos años, fue por sus controvertidas interpretaciones del Imperio español y de su posterior decadencia, que, para quien sea lego en la obra del británico, no existió nunca, por la simple razón de que nunca hubo auge. A los de mi generación aquella impostura nos fascinaba, de ahí que sea tan popular entre los treintañeros españoles aficionados a la historia.

En esto su ánimo se mantiene imperturbado: sigue en la brecha reinterpretando un periodo de la historia de España con el que nadie parece estar contento. El paradigma de Kamen es, de cualquier modo, coherente y muy bien documentado. El autor, además, y amando por encima de todo la verdad histórica, acepta el guante cuando se lo echan y debate hasta la extenuación. ¿Qué más se puede pedir?

Es, lógicamente, en los artículos de fondo histórico donde Kamen da el do de pecho. Y es que de eso sabe mucho: se le ven las tablas y no esconde cuál es la "especialidad de la casa". No se queda manco tampoco cuando, desde un privilegiado mirador, escribe observando España, un país que, en cierto modo, también es el suyo. Kamen está casado con una española, y eso se nota en la familiaridad con que aborda nuestros asuntos domésticos.

Unos gustarán más, otros menos... y algunos escocerán como escuece su visión del imperio español. Los dedicados a Gibraltar, en los que aporta un puñado de buenas razones para seguir discutiendo otros 300 años sobre quién es el verdadero soberano del Peñón, forman parte de la segunda categoría. No todos son, digamos, tan incómodos. Especialmente afortunado es uno que arremete contra la fantasiosa Alianza de Civilizaciones que Zapatero anunció hace un par de años y que lleva un título difícilmente superable: '¿Qué alianza? ¿Qué civilizaciones?'. Pasen y lean, señores. Merece la pena.

Henry Kamen: Bocetos para la Historia. La Esfera de los Libros, 2006; 390 páginas.