lunes, 9 de mayo de 2016

TTIP Give trade a chance

De unos meses a esta parte se ha vuelto todo el mundo tarumba con el acuerdo de libre comercio e inversión (TTIP por sus siglas en inglés) que están negociando la Unión Europea y Estados Unidos. El tratado no es cosa de ahora. La cosa viene de lejos, pero ha sido en los dos últimos años cuando ha ido poco a poco trasladándose a la opinión pública. Si buscáis por ahí, es decir, por Google, lo que os encontraréis son furibundas diatribas contra el acuerdo: que si es ultraneoliberalismo, que si va a convertir esto en lo más parecido al Los Ángeles de Blade Runner, que si lo están negociando en secreto para luego pasar de noche por nuestras casas y secuestrar a los niños para comérselos luego crudos... y un largo etcétera del plañiderío habitual de la izquierda. Evidentemente, no es para tanto. No puede serlo. ¿Creéis que de un puñado de burócratas europeos y norteamericanos gordos como cardenales romanos iba a salir algo digno de ser discutido en la barra del bar? Pues no. Pues eso.

A grandísimos rasgos es TTIP no es más que un tratado entre dos grandes áreas económicas para permitir entre ellas la libre circulación de bienes y capitales. Ojo, de personas no, para eso prevén crear un sistema de cuotas. Para hacer eso tienen que poner en común un montón de cosas, entre ellas bastantes regulaciones, que tendrían que simplificarse y estandarizarse. Todo muy aburrido como os podéis imaginar, de ahí que me fascine la literatura de terror que toda la banda esta le está poniendo al asunto. Si le quitamos el drama y el lloriqueo milenarista nos encontramos con algo parecido al Tratado Transpacífico (TPP) que EEUU, México, Japón y unos cuantos países más suscribieron hace unos meses. Resumiendo mucho: liberalizar más un espacio económico que ya está parcialmente liberalizado y aligerar trámites burocráticos para las empresas.

Llegados a este punto supongo que ya sabéis quién está en contra de eso. Pues quien va a estar, los alérgicos al libre comercio de siempre. En España los alérgicos son Podemos e Izquierda Unida, su recién adquirida colonia. La mayor parte de las críticas vienen de ellos y suelen ser sandeces desinformadas pero cargadas de veneno ideológico.

Dicen, por ejemplo, que se está negociando en secreto. Lógico, los tratados internacionales se negocian siempre en secreto, los tratados en general se negocian si no secretamente si discretamente. Pero, a pesar del supuesto secretismo, los detractores del TTIP parecen conocer hasta el último detalle del mismo y se prodigan en artículos, papers y kilométricas conferencias por aquí y por allá. Ese es un misterio que no he conseguido desvelar. Si los términos de la negociación son secretos y nada se sabe digo yo que nada se podrá hablar y mucho, en cambio, especular. Esto último es básicamente lo que hacen.

Y aquí empieza el embrollo. Dicen que perjudicará a la gente porque beneficiará a las grandes empresas, ya sabéis, las pérfidas multinacionales. No termino de encontrar la relación entre una cosa y la otra, pero ellos sí. Buceando más en su batería de argumentos nos encontramos con que las grandes empresas son supuestamente enemigas de las pequeñas. Ya se sabe, compiten y el pez grande se come al chico. Parecen no entender y, de hecho no entienden, que en el capitalismo es tan importante competir como cooperar. Las empresas compiten y cooperan entre sí. ¿Cuántas empresas pequeñas y medianas cooperan con grandes corporaciones como Telefónica, Volkswagen o Exxon? Muchas, ¿verdad? Pues ni lo ven ni quieren verlo. Aún así, aún en el caso de que esto fuese de competencia feroz y descarnada, a más competencia entre los ofertantes mejor para los demandantes, es decir, que si se desuellan entre ellos el consumidor ("la gente") ganará. Si deciden no desollarse y cooperar pues mejor para las empresas pequeñas. Su argumento se cae lo miremos por donde lo miremos.

Dicen también que el TTIP acabará con la regulación europea, que les debe de parecer fantástica a pesar de que, como todo hijo de vecino, la padecen en bolsillo propio. Por desgracia no será así. La burocracia europea es ya un monstruo con voluntad propia que no retrocederá un palmo. Y si lo hace, pues mejor para todos. Esto enlaza con dos trolas en cadena: el TTIP conllevará la privatización de los servicios sociales y el TTIP liquidará los "derechos" sociales. Pues ni una cosa ni la otra. En las negociaciones estos dos asuntos ni se están tratando por razones obvias. Tal vez les traiciona el subconsciente. Si de ellos dependiese la negociación nos cascarían un tratado de comercio hiperpolitizado como el Alba o Petrocaribe. No hay más que descender al detalle de las relaciones comerciales entre Cuba y Venezuela. Una pone médicos, la otra petróleo. Joder, eso no es comercio, eso son dos sátrapas traficando con su propia gente.

En definitiva y con esto ya termino que me estoy enrollando, el espíritu que anima el TTIP es el del liberalismo tradicional, del estilo del que impulsó al Tratado Cobden-Chevalier de 1860 y que tan buena cosecha de prosperidad y entendimiento dejó para británicos y franceses. De manera que, puestos a elegir entre lo que hay y el TTIP, me quedo con el TTIP. No puedo cuantificar sus bondades (otros que saben más que yo de estas cosas ya lo han hecho) pero estoy seguro de que será beneficioso porque el libre comercio siempre lo es, siempre lo fue y siempre lo será. Todos ganaremos con él excepción hecha de los políticos y sus amiguetes, a quienes no podrán proteger con la facilidad que protegen ahora. Los burócratas, en principio, no tendrán mucho que temer, seguirán donde están pero con menos trabajo.

Ahora bien, si me dan a elegir entre el TTIP y la eliminación completa de trabas al comercio y a la libre circulación de personas y capitales pues me quedo con lo segundo, que para algo soy liberal. Es más, si de mi dependiese eliminaría todas esas trabas de manera unilateral. No digo más.

Por cierto, hay Contracrónica.