jueves, 12 de mayo de 2016

Tócala de nuevo, Alexis


Se aproxima el verano y toca sirtaki financiero. El show griego de todos los años. Los protagonistas ya están en el escenario interpretando el mismo papel de sus antecesores durante los últimos seis años. Es un show como digo de periodicidad anual que protagoniza el Gobierno griego (cualquier Gobierno griego sin distinción de partidos) y al que asisten obligados el FMI y los pirracas del Eurogrupo. El hecho es que ninguno de los dos quiere asistir al espectáculo, pero no les queda otra y además ponen la cama.

La historia es siempre la misma desde 2009. Se reproduce con precisión milimétrica porque en esto de pedir dinero los políticos griegos son más previsibles que los relojeros suizos. Después de haber contado las anteriores y con la certeza de que contaré las que vengan he advertido que la danza se interpreta conforme a unos pasos que siempre son los mismos. Estos:
  1. El Gobierno griego se queda sin dinero y lo anuncia tímidamente. Entretanto, en las calles de las ciudades helenas hay protestas, huelgas y mucho follón.
  2. El Eurogrupo condiciona el desbloqueo del siguiente tramo del rescate, es decir, del préstamo, a que los griegos cumplan con su parte, que se acometan de una vez las reformas a las que se comprometieron el año anterior.
  3. La situación se tensa. El primer ministro griego lloriquea un poco para, acto seguido, ponerse dramático clamando a los dioses del Olimpo por su perra suerte ya que los compromisos que adquirió en el pasado son imposibles de aplicar. La cantinela es calcada todos los años: que si la austeridad mata, que si la economía griega no podrá resistir los recortes, que si hay una crisis humanitaria... Esto conduce a la primera reunión, que suele tener lugar en Bruselas.
  4. La UE se pone blandita y comienza a cobardear, entonces el FMI se cabrea y amenaza con levantarse de la mesa y llevarse la parte que ponen del préstamo. Cunde el pánico y los diplomáticos europeos tienen que hacer equilibrios durante unos días para que las tres partes accedan a sentarse de nuevo.
  5. Después de un tira y afloja de varias semanas, acusaciones cruzadas y muchas visitas del primer ministro griego a Bruselas, deciden montar unas reuniones de alto nivel para concertar un acuerdo satisfactorio para todos, esto es, que permita a los políticos griegos acceder al dinero, a los del FMI a pensar que está vez sí que lo harán y a los del Eurogrupo a vender en la tele que han salvado in extremis el proyecto europeo.
  6. Termina la ronda con un acuerdo de nuevos préstamos. Todos felices. La historia desaparece de la prensa internacional.
  7. El primer ministro vuelve a Atenas y anuncia a sus compatriotas que ha puesto de rodillas a los acreedores, que él no comercia con la sagrada soberanía del pueblo griego y los eslóganes habituales. Asegura, por descontado, que la contrapartida del rescate no comprometerá las prestaciones del Estado de Bienestar. Los más entregados a la causa salen a la calle en Atenas y se manifiestan a favor del Gobierno.
  8. El FMI y la UE desbloquean el préstamo. Fiesta en todos los ministerios del país.
  9. Atenas se pone a gastar como si no hubiese mañana. En lo que gasta va aplazando las reformas que se comprometió a efectuar o lo hace sin ganas y no en su totalidad. A veces, incluso, hace lo contrario.
  10. Según se va acabando el dinero y la situación se complica (las nóminas de los funcionarios y eso) anuncia al mundo que se están quedando secos. Avisa entonces el Gobierno de lo inevitable del ajuste. Al día siguiente se convoca la enésima huelga general y la calle se llena de manifestantes indignados.
Repasadlo punto por punto, id a la hemeroteca y comprobaréis que lo que digo es cierto. Si, además, queréis escuchar un sirtaki de verdad, no os queda más que escuchar La Contracrónica de hoy.