miércoles, 24 de enero de 2007

Sobre agresores, agredidos y embusteros

Estamos asistiendo en estos días a una entrega más de la tragedia en no sé ya ni cuantos actos de la guerra en Oriente Medio. Una guerra que, efectivamente, no tiene fin, fluctúa sin cesar y mantiene al mundo en vilo y a la región sumida en la miseria y la tiranía. Pero, ¿por qué dura tanto el conflicto? ¿Dónde está el origen? ¿Por qué nunca termina y se reactiva una y otra vez?

En Occidente, especialmente en esa parte de Occidente impregnada de lo francés, esto es, lo muniqués, despachamos el asunto con una simplicidad asombrosa: Oriente Medio está guerra porque un estado agresor y artificial quiere adueñarse de todo lo que le rodea. Un estado que, para colmo, es la sucursal asiática de los Estados Unidos y que, por si eso fuera poco, practica el occidentalismo más aberrante con la democracia y la libertad de mercado como bandera. Ese estado, naturalmente, es Israel. Así de sencillo. Si se desea la paz hay que frenar a ese país o, poniéndose tremendo, hacer que desaparezca. Esto último, lógicamente, no se dice ni en las cancillerías ni en las redacciones europeas, pero se piensa y se pide fuera de los focos de lo políticamente correcto.

domingo, 24 de diciembre de 2006

Revel o el compromiso

El 19 de enero de 1924 venía al mundo en Marsella, la capital del soleado Mediodía francés, Jean-François Ricard. Dos días más tarde, el 21, en uno de estos caprichos que la historia tiene de tanto en tanto, moría, muy lejos de allí, Vladimir Ulianovsk, Lenin. En aquellos movidos años de entreguerras se descompuso el mundo que había venido siendo desde los tiempos de Napoleón y se dibujó el que sería, el que ha llegado hasta nuestros días. Jean-François, que era aún un infante de corta edad, no lo sabía, pero el destino le había hecho nacer en el momento inaugural de un siglo que 80 años después él mismo se encargaría de rebautizar como "el de las sombras".

La familia Ricard no era ni muy rica ni muy pobre, ni poblada por patanes ignorantes ni excesivamente culta. Se trataba de una familia de clase media francesa que observaba las fiestas de guardar y era lo suficientemente sensata como para dar la oportunidad a sus hijos de dotarse de una buena formación. Enviaron a Jean-François a estudiar a la Escuela Libre de la Provenza, y una vez se hubo graduado como bachiller –literario, para más señas– fue a Lyon, en el amplio valle del Ródano, para matricularse en la Escuela Normal Superior. En la Normal tendría por maestro a Louis Althusser. No vio nada extraño en él, al menos en aquel momento. Ya tendría oportunidad de verlo más tarde.

miércoles, 6 de diciembre de 2006

El valor no es objetivo

750.000 euros por un vestido. Se trata del que Audrey Hepburn se puso en "Desayuno con diamantes" y lo acaban de subastar en Christie's. El escritor francés Dominique Lapierre, que era el dueño de la prenda hasta ahora, está encantado porque, según parece, semejante dineral lo va a dedicar a "comprar ladrillos y cemento que servirán para construir escuelas para los niños más pobres del mundo." De la transacción se pueden extraer dos enseñanzas muy válidas para los tiempos que corren:

domingo, 26 de noviembre de 2006

Si no lo veo no lo creo (Venezuela otra vez)

El cartel electoral más extravagante de cuántos he visto. Chávez: "Necesito tu voto. Tu voto por amor." Venezuela está definitivamente perdida. No tiene arreglo.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

De la represión a las artes y la música chatarra (sic)

(El neoliberalismo fomenta la) "Represión a las artes y la música, las cuales este sistema busca que se generen utilidades a través de ésta, y no la expresión misma. Lo que provoca que la gente actual consuma música chatarra y sea poco interesado por el arte y la música clásica."
Extraído de la Wikipedia (sector hispano)

Sin entrar en más detalles, el que ha depuesto semejante majadería se ha quedado definitiva e irremediablemente herniado mentalmente. Apuesto mi colección de música chatarra a que se trata de un sudamericano. La empanada mental le delata. Voy a ponerme una sinfonía de Mozart (la 25) para desintoxicarme. Por Dios, ¡qué sofoco!

Gracias Oliver por el chivatazo.

martes, 24 de octubre de 2006

El crimen de Dresde

Las cifras de la barbarie sobrecogen. Sobre una ciudad de 630.000 habitantes cayeron 650.000 bombas incendiarias de una tonelada cada una, 529 de dos toneladas y una de cuatro toneladas. El incendio que provocó el ataque fue de tal magnitud que la columna de fuego se veía desde 150 kilómetros a la redonda. La ciudad ni siquiera pudo defenderse. Apenas quedaban baterías antiaéreas y los pocos cazas disponibles no pudieron despegar por falta de combustible.