jueves, 7 de noviembre de 2013

Hablemos del IBI, hablemos del Cejas

Lea con atención. 19 de septiembre, jueves: “la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, anunció ayer una bajada progresiva de los impuestos y las tasas municipales entre 2014 y 2016. Botella ha especificado que el impuesto de circulación retrocederá un 10% y se rebajará el IBI un 5%”. 6 de noviembre, miércoles: “el IBI, el principal impuesto que pagan los madrileños, volverá a subir en 2014 una media del 6,4%. Así aparece en las nuevas ordenanzas fiscales que incluyen también una subida del impuesto de vehículos del 2% para el próximo año”. No me he inventado nada. Son dos textos sacados directamente de una agencia de noticias. Tampoco lo necesitaba. La trola es tan evidente, queda tan al descubierto la tomadura de pelo que cualquier acotación del comentarista simplemente estorba.


Que en Madrid paguemos cada vez más IBI no es ninguna novedad. Y como en Madrid en prácticamente todos los municipios de España. El IBI nos recuerda con periodicidad anual el coste del politiqueo. En los años dorados de la burbuja inmobiliaria no lo subían. En los ayuntamientos entraba tal cantidad de dinero vía ladrillazo –ya sabe, las recalificaciones y otras concejaladas– que no hacía falta apretar el dogal a los contribuyentes más de lo necesario. Los consistorios fueron aumentando su gasto en función de la entrada de nuevos ingresos, y lo de aquellos años no fue una entrada cualquiera, sino un dineral indecente que atoraba de billetes de quinientos euros las concejalías de Hacienda. Una vez la fuente de la eterna primavera se hubo secado no sucedió lo mismo con los gastos. Primero incurrieron en abultados déficits, luego, cuando esa puerta se cerró, en salvajes subidas de impuestos. Cualquier cosa con tal de no tocar el elefantiásico e inasumible tren de gasto político (vulgo: gasto público) al que se habían acostumbrado.  

En la capital, que es, además, la principal ciudad de España, el IBI maldito ha subido cerca de un 200% en los últimos diez años, repito, un 200%. ¿Hay algo que haya subido en la misma medida? Creo que nada, ni siquiera la gasolina, cuyo precio viene marcado por el precio del barril, y ese sí que ha subido desde los ya lejanos tiempos de la guerra de Irak. En Madrid hemos padecido un doble mal. Por un lado la burbuja, dolencia compartida con otras grandes urbes del país; y por otro la nefasta era de Gallardón (vulgo: el Cejas), que ha dejado a la ciudad en los huesos y al presupuesto municipal en el nirvana. Gallardón, hoy feliz ministro de Justicia, fue posiblemente el peor alcalde de Madrid desde que Madrid tiene alcaldes. No hizo nada bueno y mucho malo, pero su peor legado no fueron los adefesios urbanos ni las plazas duras de estilo barcelonés que son auténticas sartenes en verano y Siberias en miniatura en invierno, sino la deuda gigantesca que ha dejado a varias generaciones de madrileños. Con IBI y multas varias la estamos pagando. Quería pasar a la historia y lo ha conseguido, pero a la historia de la infamia municipal.