domingo, 10 de enero de 2010

Mrs. Robinson y la emancipación de la mujer (vieja)

Cuando las mujeres manden, decían, todo será paz, amor, sensibilidad y decencia, sobre todo decencia. Atrás quedarán los tiempos oscuros en que los hombres, esos australopitecos sin desasnar, se acostaban con jovencitas, se lo llevaban crudo y paseaban su recrecida masculinidad por los parlamentos, ministerios y alcaldías. Pues al final ha resultado que cuando las mujeres mandan, que mandan, y mucho, hacen aproximadamente lo mismo que los hombres. Probablemente porque somos iguales en casi todo, especialmente en lo malo. Ahí está Mrs. Robinson, sesentona, pellejilla, esposa (todavía) del primer ministro del Ulster y hasta hace dos días diputada plenipotenciaria, amiga de meter la mano en la lata y víctima, pobrecita, de un furor uterino digno de Berlusconi si hubiese nacido mujer.