viernes, 10 de marzo de 2006

El bananómetro

El Peripatético, un español que vive en Brasil y elabora desde allí una soberbia bitácora, nos propone una nueva vara de medir: el bananómetro. Serviría, por ejemplo, para cuantificar el embananaje o embananamiento de todos los países que en el mundo son...y son muchos, casi todos bien embananados. Los criterios que el Peripatético nos invita a considerar son los siguientes: Propiedad privada, confusión entre lo público y lo privado, libertades civiles, corporativismo, imperio de la Ley, intervencionismo en todas sus variantes y, por útimo, violencia que el Estado ejerce sobre los ciudadanos. Arduo trabajo sin duda, aunque bien podría sistematizarse adjudicando a cada una de las categorías anteriores una clasificación del 0 al 10. Así, un país donde la propiedad privada no se respeta en absoluto se ganaría un 0 (patatero), donde se respeta un poquito tendría un mísero 1, y así sucesivamente.

Siguiendo nuestro sistema de calificaciones escolares en el que por debajo de 5 es suspenso, cada una de los suspensos se correspondería con una espléndida banana, tersa y moteada, amarilla como los toreros gafes, mazacota e incomible como sólo pueden serlo las bananas de Sudamérica. Yo es que soy de plátano canario, que es una delicia al paladar y un festival de los sentidos para los frutófagos peninsulares, entre los que me incluyo. De hecho, ya que estoy, me voy a pelar uno mientras continuo.

Tomaré un caso práctico para ejemplificar a mis lectores lo fácil que sería adjudicar bananas para ir dibujando el bananómetro mundial. Empezaré por mi propio país: España, que es, por su naturaleza, muy propenso a bananizarse de tanto en tanto.

1.- Propiedad Privada: se respeta pero no demasiado. Ahí tenemos el impuesto de Patrimonio, un disparate que penaliza poseer algo que se ha ganado honradamente. O el hecho de que si usted encuentra diamamantes bajo el césped de su jardín pasen a ser propiedad del Estado porque el subsuelo no tiene más dueño que el Gobierno. Un 5 raspado. Se salva de la banana por la mínima.

2.- Confusión entre lo público y lo privado: En esto somos pioneros y fundadores de una tradición que se extiende a ambos lados del Atlántico. Gobierne quien gobierne tiende a pensar que el Estado es su finca privada, en el caso de Felipe González creyó que España era una caseta de la feria de Sevilla y, claró, pasó lo que pasó. Un 2, y eso gracias algún que otro corrupto ha terminado en la cárcel. Banana.

3.- Libertades civiles. No nos podemos quejar. España es un país bastante libre y eso me encanta. Sólo falta que legalicen las drogas y que nos devuelvan el derecho a llevar armas que, aunque yo personalmente no haría uso de él porque no he cogido un arma en mi vida, creo que constituye un derecho humano básico, el de la autodefensa. Un 8 y creo que me estoy pasando.
Corporativismo: Los restos del franquismo aun perduran en esto del corporativismo y cada día aparecen nuevos grupos que se erigen en portavoces de minorías autolegitimadas. ¿Qué son sino los mineros, los pescadores, los trabajadores de RTVE, la autodenominada Federación de Mujeres Progresistas o los pelmas del Protocolo de Kioto? Un 4,5. Más que merecida Banana, especialmente después de que el Gobierno haya tragado con lo de Kioto, que es un timo monumental. Banana.

5.-Imperio de la Ley: En España la Ley la cumplimos los de siempre, los currinchis, que somos, además, los que padecemos a los que no la cumplen. Los que deciden no cumplirla terminan de dos modos; si son unos pelagatos acaban en chirona (no por mucho tiempo, ciertamente), si son banqueros o empresarios importantes "de la comunicación" siguen en casita tan ricamente liándose un puro con las sentencias. Los Albertos están donde están y no es precisamente el penal del Dueso, y en cuanto a Polanco, ahí le tenemos, sin cumplir lo del antenicidio, a pesar de que se lo han pedido hasta con musiquilla. Un 5 sin demasiado convencimiento.

6.- Intervencionismo: Un paraíso, el jardín del Edén del incordio al ciudadano en casi todas sus vertientes, desde la económica hasta la moral pasando por la étnico-lingüistica tan en boga en ciertas regiones. En las Noticias no salen más que políticos y más políticos, pagamos una burrada de impuestos, los servicios públicos son pésimos y tenemos que aguantar continuamente la moralina politicamente correcta del "recicla el papel, no fumes, no bebas, no te bajes música de internet, no llames al pan pan y al vino vino" . En Cataluña, País Vasco y Galicia es aún peor porque, a esa condena, le suman la del nacionalismo coñazo que les dice quiénes son, cómo han de comportarse y en qué consiste la felicidad. De mal en peor. Un 3. Banana.

7.- Violencia del Estado: Aquí nos podemos considerar afortunados, especialmente si nos comparamos con los venezolanos o con cualquier país de África. El año pasado se detuvo a unos concejales de la oposición y el Gobierno anda detrás de silenciar los medios de comunicación no adictos, pero aún no ha llegado la sangre al río. Espero, eso sí, que nunca lo haga y que estos días revueltos se pasen como se pasa un mal sarampión. Un 6.

Bien, pues ya está hecha, hecha y argumentada que de eso se trata. España sería un país de tres bananas. Para lo que hay por el mundo es algo bastante tolerable aunque podemos mejorar, me temo, sin embargo, que vamos en la dirección inversa. Si nos toca largarnos, la clasificación de bananas puede servirnos para elegir un agradable destino para nuestros fatigados huesos.


PD.- El plátano extraordinario. Era de Canarias.