viernes, 25 de marzo de 2016

Tancredismos rajoyanos


Cada día es más evidente que la partida que el 21 de diciembre se sentó a jugar Rajoy no era la del ajedrez común, sino la del conocido como ajedrez de perdedores, variante que consiste en perder todas las piezas antes que el contrario. Hasta aquí todo bien. Jugar a ver quien pierde antes requiere estrategia y tiene un objetivo claro: ganar, porque, aunque se llame de perdedores, uno de los jugadores gana.

jueves, 24 de marzo de 2016

Bélgica, el santuario

Pensaban que la cosa no iba con ellos, que el terrorismo era un asunto de otros, embarazoso y desagradable sí, pero afectaba a otros, que los terroristas mataban allende sus fronteras. Pensaban también que si les ponían trabas lo mismo empezaban a atentar allí. En España sabemos algo de esto. Con dos grandes bandas terroristas en el último medio siglo (y unas cuantas más más de pequeño tamaño) de terrorismo somos probablemente los que más sabemos de Europa. La ETA estuvo matando casi sin tregua desde los años 60 hasta 2010. Nuestros vecinos tardaron años en entender un drama que padecíamos a solas. Francia, por ejemplo, no firmó un tratado de extradición hasta 1984, año en que la ETA acabó con la vida de 32 inocentes, casi los mismos que murieron esta semana en Bruselas. Y aún fueron pocos para la época. En 1983 la siniestra cuenta de bajas que se apuntó la banda fue de 44 y en 1980 de 93.

Las autoridades belgas siempre miraron hacia otro lado. Pero no era solo cosa nuestra. Al parecer actuaban del mismo modo con los terroristas que tenían en casa. La cobardía, porque era eso mismo, cobardía, acaba siempre cobrándose un precio muy alto. Con el mal no se transige, no se negocia, no se llega a acuerdos, al mal se le combate hasta derrotarlo. El terrorismo es el mal por si no terminábamos de tenerlo claro.

lunes, 21 de marzo de 2016

Historia de dos españoles

Encontré anoche en Twitter esta cadena. Me llamó la atención porque cuenta una historia completa, con su estructura argumental de introducción, nudo y desenlace. Es la historia de dos españoles cualquiera de los muchos que forman parte de la base electoral de Podemos, esos cinco millones y pico de personas que hasta hace un par de años votaban a otros partidos o simplemente no votaban. Hace un tiempo, cuando Podemos nació, se decía que en España no había más de un millón de perroflautas, entendiendo perroflauta como joven de extrema izquierda, logsetomizado y dependiente de su padres. Si a ese millón se le sumaba el millón y medio de votos que obtuvo IU en 2011 no habría nada que temer. Era el famoso escenario Anguita-96, que es por el que apostaba mucha gente en la primera mitad de 2014. Izquierda Unida desaparecería dejando su lugar a los profesores de la Complu, que traían bajo el brazo su millón de jovenzuelos aperroflautados y abstencionistas. Sospecho que ese era el primer plan de Iglesias y Monedero, que ya anteriormente habían intentado hacerse con el control de IU por las buenas. Esto les metería de cabeza en el Congreso y desde ahí pasarían a la segunda fase.

domingo, 20 de marzo de 2016

¿Y si la próxima revolución fuese cosa de Microsoft?

Hace un año nadie lo hubiese dicho. Con el sistema operativo Windows 8 naufragando en los bajíos de un mundo en el que cada vez se utiliza menos la computadora y más el teléfono móvil, la estrella de Redmond se apagaba lentamente. Y no era la única amenaza, su apuesta por los móviles tampoco termina de arrancar. Windows Phone no termina de despegar. Según la consultora tecnológica IDC el sistema operativo para dispositivos móviles de Microsoft en lugar de ganar terreno, lo pierde. En los últimos cuatro años ha pasado de una penetración global del 3,1% al 2,6% con el que cerró 2015. Los más optimistas apuntaban ya a un cierre en banda del gigante, que pasaría a dedicarse al mercado de soluciones profesionales, un entorno menos competitivo y con mayores márgenes operativos.

sábado, 19 de marzo de 2016

Pero, ¿quién diablos manda aquí?

Todos sabemos que sin la televisión Podemos nunca hubiese salido de las manifestaciones aquellas que se montaban hace tres años en la plaza de Neptuno con tanta ingenuidad como determinación de sacar a los diputados a palos del Congreso. Sé lo que me digo, yo estaba allí. De no haber tenido de su lado a las dos principales cadenas de televisión privadas del país, el español medio nunca hubiera sabido de su existencia. Y no se puede votar por quien no se sabe que existe. Uno de los diagnósticos más certeros que Pablo Iglesias hizo en su momento fue el de poner a la tele como requisito indispensable para ascender a la primera división de la política nacional. A los que no acostumbramos a ver la tele esto nos puede parecer extraño, pero es así. La televisión marca la agenda del debate que luego se desarrolla en los periódicos, las redes sociales, las tertulias de cuñados y las barras de los bares. Siento decirlo, pero Twitter no es más que un remolque tirado por el tractor televisivo. Y a los trending topic más habituales me remito.

Podemolítica


La nueva política era, amén de honrada, horizontal y democrática. La nueva política nacía de abajo y el poder ascendía fluido para que solo los más capaces llegasen hasta arriba. La nueva política no sabía de partidos sino de colectivos, no sabía de agrupaciones sino de círculos, no sabía de jerarquías ni de líderes sino de méritos y compañeros. La nueva política no tenía nada que ver con la vieja, se miraba en el espejo de las asambleas del 15-M y no en los congresos de los partidos del turno. La nueva política era la plaza, la vieja un palacio de congresos hecho por Calatrava a millón la baldosa con azafatas, canapés y acreditaciones colgadas del cuello. Muchos lo quisieron creer y lo creyeron tanto que se apuntaron entusiastas a los círculos y a las asambleas virtuales que se celebraban en interminables y agotadores foros de Internet.