¿Por qué el Instituto Nacional de Meteorología, institución con 147 años de historia, ha pasado a llamarse Agencia Estatal de Meteorología?
sábado, 15 de marzo de 2008
viernes, 7 de marzo de 2008
Por qué (casi) siempre gana la izquierda
Ahora que tenemos las elecciones encima una de las preguntas clave es cuánta gente mantendrá el voto de los últimos comicios y cuántos de los que votaron a un partido determinado pasará a hacerlo a otro. Con esto y con los motivos que conducen a un individuo a abstenerse creo que pueden explicarse y hasta incluso preverse los resultados electorales. En España, como en casi todas las democracias maduras, la mayor parte de la gente vota siempre a los mismos de un modo instintivo, tanto en la izquierda, en la derecha como en sus respectivas franquicias nacionalistas. Si la familia o el entorno del individuo en cuestión es de izquierdas/derechas/nacionalista votará en consecuencia aunque la política le traiga al pairo. Los instintivos, creo yo, forman el núcleo duro de votantes de cualquier gran partido, el "suelo electoral" que llaman los expertos.
miércoles, 5 de septiembre de 2007
Hotel Ryugyong, monumento al despropósito
En 1986 la compañía Westin inauguró en Singapur el que en aquel entonces era el hotel más alto del mundo. Se llamaba Westin Stamford y tenía 73 plantas y 226 metros en vertical, es decir, casi lo mismo que mide la Torre Espacio de Madrid. Aunque Westin era (y es) una empresa norteamericana, uno de los emblemas de la mejor hostelería yanqui, se encargó la construcción del coloso a la corporación SsangYong, natural de Corea del Sur. Hoy, más de 20 años después, ya nos hemos acostumbrado al dinamismo y la ambición de las empresas surcoreanas, pero entonces eran aún relativamente desconocidas y sus logros llamaban poderosamente la atención, tanto en el extranjero como en la propia Corea que acababa de sacudirse siglos de atraso y modorra. Construir el hotel más alto del mundo fue motivo de orgullo para los surcoreanos e, inevitablemente, motivo de frustración para el esclavizado y hambriento vecino del norte.
martes, 29 de mayo de 2007
No nos engañemos, hay ZP para rato
martes, 24 de abril de 2007
Pablo Molina al cuadrado
Escribir bien, bonito y además llevar la razón no está al alcance cualquiera. De hecho, suele ser frecuente que los que hacen lo primero se lleven a matar con lo segundo, y viceversa. Pablo Molina es una de las excepciones. Da gusto leer todo lo que escribe, a veces tanto que se muere uno de risa. Y suele llevar razón. Y es que Pablo ha tomado por costumbre acertar en sus nada sesudos análisis de la actualidad. Se atreve con todo y no pestañea, por muy grande y bien armado que venga el morlaco. Y así todas las semanas.Pablo no es periodista de profesión, ni siquiera analista, que es como se hacen llamar los que no han visto un teletipo ni de lejos. Apartado de esas distracciones, Pablo se dedica a mirar, al noble y provechoso oficio de observar lo que le rodea con sonrisa de pícaro mientras, en silencio y sin que se le note, va perpetrando mentalmente su columna. Y luego llegan los viernes y los que sabemos apreciar lo bueno disfrutamos como enanos con sus malicias y barruntos, sus retruécanos y piruetas semánticas, que le han convertido en la pluma más casquivana, desvergonzada y fresca de Libertad Digital.
sábado, 24 de marzo de 2007
Magda Goebbels, el nazismo en femenino
De todas las mujeres que rodearon a Hitler, la más sorprendente y cautivadora, la más fanática y entregada a la causa fue la esposa de su ministro de Propaganda, de Joseph Goebbels.Vivió aceleradamente. Superó en todo a su segundo marido: en belleza, en talento y hasta en lealtad al Führer. Se casó dos veces, aunque su único amor verdadero y platónico fue Adolf Hitler, por quien terminó suicidándose en el jardín del búnker. Dio a luz a su primer hijo con sólo 20 años, y envenenó a los seis restantes con 44. Era malvada y superficial, de carácter inquebrantable y afilado instinto. El Tercer Reich no hubiera sido el mismo sin ella.
A finales de 1901 una joven criada berlinesa llamada Auguste Behrend alumbraba a una niña fruto de una relación con un hombre desconocido. Le dieron bautizo católico, el apellido de la madre y una hermosa ristra de tres nombres: Johanna Maria Magdalena. Al poco, su madre se casó con un rico industrial, Oskar Rietschel, que tomó especial cariño a la recién nacida. La convivencia entre Auguste y Oskar se estropeó en apenas tres años y se divorciaron. Auguste, que era joven y bien parecida, encontró a otro hombre, un restaurador judío de nombre Maximilian Friedländer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


