viernes, 11 de enero de 2013
Vuelta a la corazonada
En este país no aprendemos así nos maten. Con cinco millones de parados, la deuda por las nubes y el Estado al borde de la bancarrota, al ayuntamiento de la capital no se le ocurre mejor idea que resucitar lo de las Olimpiadas, una obsesión recurrente, un aciago recuerdo de la larga noche del Cejas. Esta vez la banda de la Botella quiere celebrar los juegos del año 2020, que como pilla lejos, creen que para entonces ya se habrá acabado la crisis y las administraciones volverán a nadar en la abundancia.
martes, 8 de enero de 2013
Se avecina una década de petróleo barato
Lejos están ya los tiempos en los que el barril de petróleo Texas se vendía a casi 150 dólares. El 14 de julio de 2008 el barril alcanzó su máximo histórico situando el precio del crudo WTI en unos insoportables 145,1 dólares por barril. A partir de ese momento el precio del crudo empezó a descender, primero tímidamente y, a raíz de la quiebra de Lehman Brothers y el posterior derrumbe bursátil, de un modo radical. Seis meses más tarde, en enero de 2009 el barril había bajado hasta el umbral de los 40 dólares.
El respiro duró poco. El petróleo volvió a subir, aunque no de manera tan pronunciada. Desde hace tres años el precio del barril de referencia en Estados Unidos se sitúa en la franja comprendida entre los 80 y los 100 dólares. Ahora bien, todo indica que, conforme avance la presente década el precio del petróleo irá descendiendo paulatinamente. Una perspectiva que comparten casi todos los especialistas en esta materia prima.
El respiro duró poco. El petróleo volvió a subir, aunque no de manera tan pronunciada. Desde hace tres años el precio del barril de referencia en Estados Unidos se sitúa en la franja comprendida entre los 80 y los 100 dólares. Ahora bien, todo indica que, conforme avance la presente década el precio del petróleo irá descendiendo paulatinamente. Una perspectiva que comparten casi todos los especialistas en esta materia prima.
domingo, 6 de enero de 2013
Su señoría el conductor de Metro
Siempre tuve el de conductor de Metro por el oficio más aburrido que se podía desempeñar dentro de los lindes de la Villa y Corte. Recuerdo que, ya de niño, los veía pasar desde el andén metidos en la cabina con pinta de estar más quemados que el cenicero de un bingo. Y no, no es una opinión, es un hecho. En las estaciones en curva, donde los convoyes entran como a cámara lenta, se les puede ver de frente y sacar inquietantes conclusiones.
sábado, 5 de enero de 2013
Año nuevo, libro nuevo
La cosa anda tan achuchada que no veo mejor manera de empezar el año que leyendo un libro, algo ligero, de historia, como estas joyitasque se encuentran en la tienda Kindle de Amazon. Ah, ¿qué ya las ha leído? Pues nada, acabo de subir uno nuevo para que continúe donde se había quedado. Desde ya está disponible la segunda y última parte de “Para habernos matado. Grandes batallas de la Historia de España”. Pensaba esperar todavía un mes más, pero el público manda, son varios ya los que me han escrito para preguntarme sobre la continuación de la serie y no voy a defraudarles.
De la primera parte he sacado una lección muy valiosa: el precio lo es todo en este mundillo de las librerías digitales. Como ya tengo tres libros arriba (cuatro con el que acabo de subir) y llevo desde finales de agosto metido en esto, he aprendido algunas cosas muy útiles que debería tener en cuenta todo el que quiera autopublicar en Amazon. Y no porque sea listo, sino porque los lectores me lo han ido diciendo con un simple clic. Gracias de todo corazón. Si usted no lee yo no escribo, así de sencillo.
He comprobado, por ejemplo, que entre precio y ventas hay una relación directísima. La primera parte de “Para habernos matado” ha vendido en un mes más que los otros dos libros juntos. Ha influido el hecho de ser una novedad, pero ninguno de los otros tuvo un arranque tan espectacular. El tema tampoco era nada del otro mundo, batallas antiguas contadas de un modo ameno, y se trataba de un libro muy breve. Pues bien, a día de hoy es el sexto más vendido en la sección de Historia para ebooks Kindle, y el séptimo en la sección de Historia de todo Amazon.es. No está mal para un autor desconocido que se publica a sí mismo. Para que quede constancia de la proeza he hecho una captura de pantalla.
La clave creo que ha sido el precio. Lo saqué a un euro, un precio psicológico ante el cual es difícil no apretar el botón de compra. Reconozco que esto ya me lo había advertido Daniel Rodríguez Herrera, pero como soy un cabezón al principio no le hice ni caso. La segunda parte la he rebajado aún más hasta los 89 céntimos. Quería dejarlo incluso más barato, en unos 50 céntimos, pero Amazon no lo permite, 0,89 € es el precio mínimo en el que se puede vender.
No hace falta que recuerde a los lectores que la primera parte también la he dejado en 89 céntimos. Luego, ya que estaba de rebajas, he metido un tajo a “Treinta siglos no es nada”, que se queda en 2,3 euros y a la “Enziklopedia Perroflauta”, el libro que ya debería haber leído y que sólo cuesta 2,6 euros.
Bien, mostrado el género, sólo me queda recomendarle el último de los títulos. Si la primera parte iba de la batalla de Baecula en el año 208 a.C a la de San Quintín en 1557, la segunda toma el relevo catorce años más tarde en el golfo de Lepanto, donde se libró una mítica batalla entre las fuerzas de la Liga Santa capitaneadas por Juan de Austria y las del Imperio Otomano al mando de Alí Bajá.
Lepanto fue, en palabras de Cervantes, “la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”. Constituyó el cénit del dominio español sobre la tierra y el mar. A partir de ese momento las cosas empezaron a torcerse. Todo lo cuento con pelos y señales en quince batallas, algunas de las cuales peleadas tan al límite que hacen honor al título del libro.
Las batallas narradas en esta segunda parte son las siguientes:
· Lepanto (1571)
· La Armada de Inglaterra (1588)
· Nördlingen (1634)
· Rocroi (1643)
· Montesclaros (1665)
· Sitio de Cádiz (1703)
· Almansa (1707)
· Sitio de Cartagena de Indias (1741)
· Trafalgar (1805)
· Bailén (1809)
· Ayacucho (1824)
· Guerra del Pacífico (1866)
· Santiago de Cuba (1898)
· Ebro (1938)
· Krasni Bor (1943)
Todo con la marca de la casa naturalmente. El que me lea ya sabe que no me cae demasiado bien la familia Habsburgo (al menos su rama española) y que no me avergüenzo de ser español ni de la Historia de los que nos precedieron en el duro oficio de serlo.
Como en el libro anterior he incluido un prólogo cuyo comienzo anticipo a continuación:
El barco cede, pero no se hunde
A finales del siglo XVI el rey de España era, literalmente, el dueño del mundo. No había ni en Oriente ni en Occidente príncipe capaz de hacerle frente. Las bases de una hegemonía tan incontestable se habían sentado durante el reinado del emperador Carlos. Mediante una par de carambolas históricas, los periféricos pero belicosos reinos hispánicos habían cobrado un papel central en la historia universal.
La primera carambola fue la política matrimonial de Fernando el Católico, que obró el milagro de emparentar su estirpe con la de los Habsburgo, propietarios de la corona imperial. Milagro por llamarlo de algún modo, porque a los españoles de a pie esta casualidad dinástica les salió carísima en términos materiales. La segunda fue el descubrimiento de América, que llevó directo a su conquista y colonización. Las riquezas que los reyes obtenían de lo segundo se invirtieron casi en su totalidad en satisfacer los intereses de los primeros.
Así, sin comerlo ni beberlo, los españoles, que hacía menos de un siglo acababan de expulsar a los últimos musulmanes de la península, se encontraron con el dudoso honor de ser los árbitros del mundo. España, la católica España, “evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…” se erigió en hegemón que lo mismo tenía que acudir en auxilio de los estados italianos ante la amenaza del turco, que batirse el cobre en Alemania frente a los luteranos.
Puede continuar leyéndolo en su Kindle (o en su iPad o en su tableta Android) junto al resto del libro. Y, no lo olvide, sin DRM, una vez lo compre el libro será suyo “in saecula saeculorum”. Amén.
La clave creo que ha sido el precio. Lo saqué a un euro, un precio psicológico ante el cual es difícil no apretar el botón de compra. Reconozco que esto ya me lo había advertido Daniel Rodríguez Herrera, pero como soy un cabezón al principio no le hice ni caso. La segunda parte la he rebajado aún más hasta los 89 céntimos. Quería dejarlo incluso más barato, en unos 50 céntimos, pero Amazon no lo permite, 0,89 € es el precio mínimo en el que se puede vender.
No hace falta que recuerde a los lectores que la primera parte también la he dejado en 89 céntimos. Luego, ya que estaba de rebajas, he metido un tajo a “Treinta siglos no es nada”, que se queda en 2,3 euros y a la “Enziklopedia Perroflauta”, el libro que ya debería haber leído y que sólo cuesta 2,6 euros.
Bien, mostrado el género, sólo me queda recomendarle el último de los títulos. Si la primera parte iba de la batalla de Baecula en el año 208 a.C a la de San Quintín en 1557, la segunda toma el relevo catorce años más tarde en el golfo de Lepanto, donde se libró una mítica batalla entre las fuerzas de la Liga Santa capitaneadas por Juan de Austria y las del Imperio Otomano al mando de Alí Bajá.
Lepanto fue, en palabras de Cervantes, “la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”. Constituyó el cénit del dominio español sobre la tierra y el mar. A partir de ese momento las cosas empezaron a torcerse. Todo lo cuento con pelos y señales en quince batallas, algunas de las cuales peleadas tan al límite que hacen honor al título del libro.
Las batallas narradas en esta segunda parte son las siguientes:
· Lepanto (1571)
· La Armada de Inglaterra (1588)
· Nördlingen (1634)
· Rocroi (1643)
· Montesclaros (1665)
· Sitio de Cádiz (1703)
· Almansa (1707)
· Sitio de Cartagena de Indias (1741)
· Trafalgar (1805)
· Bailén (1809)
· Ayacucho (1824)
· Guerra del Pacífico (1866)
· Santiago de Cuba (1898)
· Ebro (1938)
· Krasni Bor (1943)
Todo con la marca de la casa naturalmente. El que me lea ya sabe que no me cae demasiado bien la familia Habsburgo (al menos su rama española) y que no me avergüenzo de ser español ni de la Historia de los que nos precedieron en el duro oficio de serlo.
Como en el libro anterior he incluido un prólogo cuyo comienzo anticipo a continuación:
El barco cede, pero no se hunde
A finales del siglo XVI el rey de España era, literalmente, el dueño del mundo. No había ni en Oriente ni en Occidente príncipe capaz de hacerle frente. Las bases de una hegemonía tan incontestable se habían sentado durante el reinado del emperador Carlos. Mediante una par de carambolas históricas, los periféricos pero belicosos reinos hispánicos habían cobrado un papel central en la historia universal.
La primera carambola fue la política matrimonial de Fernando el Católico, que obró el milagro de emparentar su estirpe con la de los Habsburgo, propietarios de la corona imperial. Milagro por llamarlo de algún modo, porque a los españoles de a pie esta casualidad dinástica les salió carísima en términos materiales. La segunda fue el descubrimiento de América, que llevó directo a su conquista y colonización. Las riquezas que los reyes obtenían de lo segundo se invirtieron casi en su totalidad en satisfacer los intereses de los primeros.
Así, sin comerlo ni beberlo, los españoles, que hacía menos de un siglo acababan de expulsar a los últimos musulmanes de la península, se encontraron con el dudoso honor de ser los árbitros del mundo. España, la católica España, “evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…” se erigió en hegemón que lo mismo tenía que acudir en auxilio de los estados italianos ante la amenaza del turco, que batirse el cobre en Alemania frente a los luteranos.
Puede continuar leyéndolo en su Kindle (o en su iPad o en su tableta Android) junto al resto del libro. Y, no lo olvide, sin DRM, una vez lo compre el libro será suyo “in saecula saeculorum”. Amén.
viernes, 4 de enero de 2013
La soledad del porteador de bolsas
Iba a decir que ahora, con esto de la crisis, las rebajas empiezan antes de tiempo. Pero no, si lo dijese me quedaría corto y mentiría como un bellaco. De hecho, deberíamos empezar a dejar de llamar a esto crisis cuando las penurias cotidianas no son ya excepcionales, sino el pan nuestro de cada día desde hace un lustro. Así que, no es que haya crisis, es que España es así de pobre y con estos descarnados bueyes tenemos que arar.
jueves, 3 de enero de 2013
El empleo (público) no se toca
"Doctor, ¿cree usted que me voy a curar?", pregunta el paciente de bronquitis crónica a su neumólogo. "Pues depende, caballero, si se toma usted en serio lo de dejar de fumar y hace ejercicio de forma regular, se curará".
El paciente con bronquitis crónica es España (o Italia, o Portugal, Grecia no, esa está ya en la UCI). El tabaco es el exceso de funcionarios y políticos que padecemos. La falta de ejercicio es el sinnúmero de regulaciones, rigideces, tasas e impuestos que hacen completamente imposible que la economía se mueva y cree riqueza. La verdadera enfermedad del paciente de arriba no es la bronquitis, sino el fumeteo y la vida sedentaria, la nuestra el Estado y todos los que de él viven. Los fumadores empedernidos lo saben bien, saben que, en cuanto dejen el tabaco y empiecen a menear un poco el cuerpo se repondrán. Nosotros, en cambio, pensamos que necesitamos más tabacazo y más sillón bol para salir del atolladero.
Desde que empezó el año (hace sólo tres días) se han puesto todos de acuerdo en creer que vamos a superar la crisis este mismo año y el que viene nos pondremos a crecer a lo loco. El Gobierno está encantado. Dicen que con el repunte de las exportaciones, la ligera bajada del paro y la prima de riesgo en los 300 y pico puntos todo está hecho. No hay más que tener fe y saber esperar. La cantinela de siempre, el "esto lo arreglamos entre todos" que nos vienen repitiendo desde hace años.
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