Diez horas y siete minutos de la mañana: el número 76.058 se lleva el primer premio de la Lotería de Navidad, más conocido como “El Gordo”. Un minuto después cae el cuarto premio, veinte minutos más tarde llega el quinto. Luego se hace el silencio (es un decir) hasta el mediodía, cuando los niños de San Ildefonso cantan el segundo premio y poco después el tercero. Sin perder un segundo las unidades móviles de todas las televisiones se desplazan presurosas a las administraciones afortunadas para inmortalizar el momento entrevistando al lotero de turno y grabar al ganador abriendo una botella de cava.
lunes, 24 de diciembre de 2012
Yes, we live in agarzonian times
Diciembre de 2012, casi un cuarto de siglo después de la caída del Muro de Berlín y ahí los tenemos, el comisariado en pleno celebrando un congreso. Los 100 millones de muertos (y contando) tienen que estar revolviéndose en la fosa común. Los de la perversa ideología del puñito en alto perseveran en su empeño de esclavizarnos. No pedirán perdón, no, nada de eso. Sólo faltaba. Los tiranosaurios del cretácico no sólo se resisten a extinguirse, sino que viven la mar de bien a costa del contribuyente.
viernes, 21 de diciembre de 2012
Y no ha pasado nada
Cuando empezó a emitir Telemadrid yo era un imberbe adolescente habituado a las estrecheces televisivas de los ochenta. Debutaron con Ben Hur, que se veía fatal y con mucha nieve pero sin anuncios. En aquel entonces, fíjese, metidos en el felipegonzalítico pleno, eso nos parecía el no va a más. Tres canales más el VHS y la Sega Master System, ya podíamos gritar a los cuatro vientos que éramos europeos. Poco después empezaron las privadas, que eran otras tres, una de ellas de pago, lo que no le privó de gozar de una audiencia considerable porque, como veníamos de donde veníamos, nos daba igual tragarnos las películas con nieve y sin sonido. Eran tiempos heroicos que los chavales de ahora no entienden.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
martes, 18 de diciembre de 2012
Liechtenstein, por Dios, el Príncipe y la Patria
Imagine un lugar con una tasa de desempleo que ronda el 1% y que nunca supera el 2%. Un sitio donde la inflación es del 0,5%, el IVA no pasa del 7% y la renta per cápita es de 135.000 euros al año. Un país donde hay más empresas que habitantes, donde fundarlas es sencillo y rápido, sin más trámites administrativos que inscribirlas en un registro mercantil y pagar sus impuestos correspondientes cada ejercicio, unos impuestos que jamás van más allá del 20% de los beneficios. Este nirvana económico existe, y no está tan lejos de España, a apenas un día conduciendo cómodamente por la autopista. Se trata de Liechtenstein, el país más rico del mundo.
La abundancia en la que nadan sus habitantes no se la deben a la naturaleza, que ha sido extremadamente avara con ellos. Liechtenstein se encuentra en el fondo de un valle alpino. Hace frontera con Austria y Suiza, dos países que carecen de acceso al mar, convirtiéndose de este modo en uno de los dos países doblemente bloqueados del mundo (el otro es Uzbekistán). El clima extremado de los Alpes y lo accidentado del terreno no invitan a explotar con provecho la ganadería o la agricultura. Los inviernos son largos y nevosos, los veranos cortos y húmedos. Liechtenstein, un pequeño principado de poco más de 35.000 habitantes lo tenía todo para ser uno de los lugares más pobres y atrasados de la Tierra.
lunes, 17 de diciembre de 2012
El 'tontolacena'
De la variedad infinita de especímenes navideños que pululan por las calles de Madrid en estas fechas, el más irritante de todos es el tontolacena. Y lo digo así, sin más preámbulos y con la convicción de un experimentado zoólogo urbano. Surge de profundis y se desparrama en hordas cuando las sombras se abaten sobre la urbe. Tras muchos años de estudio he llegado a la conclusión que el tontolacena no es más que una mutación temporal de otra especie, el chupatintas, que, por lo general, es de trato desagradable pero de comportamiento pacífico. Y es eso, la cercanía de la Navidad, lo que, como la Luna llena para los hombres-lobo, les hace cambiar su etología y aspecto externo.
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